jueves, 25 de octubre de 2018


Día de Muertos: sincretismo cultural religioso

Día de Muertos en Mixquic.
Konaté Hernández

Si bien en México se celebra a la muerte como una herencia llena de riquezas culturales de los diferentes pueblos prehispánicos, hay que saber también que no es alguien a quien se le deba de personificar, pues la muerte no es una persona sino un estado de la persona, y forma parte del sincretismo de creencias prehispánicas y las traídas por los conquistadores españoles y los primeros misioneros que llegaron a lo que hoy en día es América.

Si en el pasado los países intercambiaban sus mercancías y sus creencias religiosas, políticas y culturales, en la actualidad sería complicado separar ya que están bien arraigadas a las diferentes creencias e idiosincrasia de los pueblos, y que no es diferente de los tiempos actuales en que todo se ha globalizado, al fusionarse las creencias religiosas como el Día de Muertos en México, los Fieles Difuntos y Todos los Santos que celebra la Iglesia Católica, hoy en día forma parte la creencia de los pueblos celtas conocida como Samhuinn o Halloween, contracción del inglés All Hallows' Eve, que en español significa “Víspera de Todos los Santos”, que ha degenerado en lo que se conoce como Noche de Brujas, Noche de Muertos o Noche de Víspera de Difuntos. Hay en sí una gran diversidad cultural en torno a los festejos del Día de Muertos en el país, como el tradicional de San Andrés Mixquic, en Tláhuac, Ciudad de México; las fiestas de Oaxaca, o las de Janitzio en la Isla de Pátzcuaro, Michoacán, por citar algunas.
Celebración Samhuinn en Escocia.
Los estados que conforman la Península de Yucatán no se quedan atrás con la tradicional celebración conocida como Hanal Pixán, cuyo significado en maya es “comida de las ánimas”, hermosa tradición de las comunidades que se hace para recordar a las personas que se nos adelantaron en el umbral eterno, acontecimiento en que según las leyendas, usos y costumbres los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre las almas tienen permiso para visitar a sus familiares.
El Hanal Pixán tiene sus orígenes en costumbres extendidas por los primeros misioneros católicos, que a su vez es derivada de las celebraciones célticas así como de sus tradiciones teológicas con rasgos prehispánicos, mismas que se adecuaron con las creencias católicas, motivo por el cual las raíces se remontan al año 835, cuando la Iglesia designa el 1 de noviembre como el Día de los Fieles Difuntos, aunque en algunas poblaciones mayas se realizan ocho días después de las fechas oficiales, incluso al finalizar el mes de noviembre.
En torno a la comida hay una gran variedad dedicada especialmente para degustar durante la celebración del Hanal Pixán, como el mukbil pollo, que en maya significa Muk: enterrar o sepultar; Bil: torcer o revolver, y ambas significan literalmente que ha sido o que debe ser enterrado, por lo que Mukbil-pollo sería: Pollo que ha sido enterrado; mientras que pib es el nombre en maya de un guiso preparado a partir de masa de maíz, grasa (manteca) de cerdo, pollo y diversos condimentos, formando una especie de tamal grande, envuelto en hojas de plátano y cocido lentamente bajo la tierra, según los usos y costumbres. Se cocina en ocasión del Día de Muertos, el 2 de noviembre constituye toda una tradición culinaria en la península y muy particularmente en los estados de Campeche y Yucatán. En Campeche se lo conoce como pibipollo.
El Hanal Pixan en la Península de Yucatán.
Sin que desde luego falte la tradicional flor de muerto cempaxóchitl o cempasúchil, que en náhuatl significa “veinte flor” o “flor de veinte pétalos”. La flor de cempasúchil tiene un gran valor simbólico en México, sobre todo para la celebración del Día de Muertos, pero también es utilizada en la jardinería por sus virtudes ornamentales. En tanto que la Iglesia Católica recuerda estos días, 1 y 2 de noviembre, a los Fieles Difuntos y Todos los Santos, esto de acuerdo a las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, en el Evangelio según San Juan, capitulo 11, versículos 25 al 26, donde dice “Yo Soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”.
Y finalmente el libro del Antiguo Testamento Eclesiástico en su capítulo 41, versículos 1 al 4, dice sobre la muerte lo siguiente: “¡Muerte, qué amargo tu recuerdo para el que vive tranquilo en su casa, para el que está sin problemas, y le va bien en todo, y aún tiene fuerzas para gozar de la vida! ¡Muerte, qué buena sentencia eres para el que sufre ya sin fuerzas, para el que tropieza y cae a cada paso, y está triste y ha perdido la esperanza! No temas a la muerte, que es tu sentencia; recuerda que lo mismo fue antes y será después. Este es el destino que Dios señala a todos los vivientes; ¿para qué resistir a una ley del Altísimo? No tiene caso discutir en la tumba por qué unos viven diez años, y otros cien, y otros mil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario