viernes, 13 de diciembre de 2013

Devoción y fe a la Virgen Morena,
un legado de dos culturas

Konaté Hernández

Durante nueve días todas las parroquias y capillas de Quintana Roo y en especial el Santuario a Nuestra Señora de Guadalupe de esta ciudad, recibieron a más de 45 mil peregrinos procedentes de otros municipios, así como del vecino estado de Yucatán y hasta Campeche, para rendir honor y manifestar su fervorosa devoción a Santa María bajo la advocación de Guadalupe.

Es importante recordar que este acontecimiento ocurrió hace 482 años en el Cerro del Tepeyac, con las apariciones marianas al indito San Juan Diego Cuautlatoatzin, con la finalidad de hacer llegar el mensaje al Obispo de aquel entonces Fray Juan de Zumárraga, para que se le erigiera una casita en el sitio a fin de auxiliar en sus aflicciones al pueblo mexicano de todas las épocas, hecho ocurrido del 9 al 12 de diciembre de 1531.
Por aquellos años los frailes tenían serias dificultades para realizar su labor de evangelización, debido a que no hablaban la lengua de los indígenas, aunado al maltrato que los españoles ejercían sobre el pueblo conquistado, por lo que la intervención del Creador al mandar a la Madre de Nuestro Señor Jesucristo fue oportuna, para evangelizar a un pueblo que no del todo abandonó sus creencias originales, plagadas de misticismo.
La Virgen María se presenta como la Madre del arraigadísimo Dios, para desarraigar añejas costumbres y tradiciones. Al presentarse a Bernardino, tío del indito, herido de gravedad para curarlo y así dar a conocer su nombre de Guadalupe, que en náhuatl es el equivalente a Coatlallope, que significa “la que aplasta la serpiente”, guarda relación con el libro sagrado del génesis: cuando Dios dice a la serpiente (Satanás) “por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo… enemistad pondré entre ti y la Mujer, entre tu linaje y su linaje: ella te aplastara la cabeza mientras tú le muerdes el talón” Gn 3, 14-15.
Pero además los conquistadores guardaban gran respeto a una advocación de Guadalupe, en Extremadura, y para ganarse la simpatía de estos, Fray Juan de Zumárraga determina llamarle con este mismo nombre, cuyo origen es una mezcla de árabe, que se forma de la palabra guada y significa “rio” y la contracción latina lux-speculum que significa “espejo de luz”.

Sin embargo sea lo que haya sido, lo cierto es que Dios ya tenía sus planes y sabía que españoles y americanos se sentirían identificados con la nueva advocación y que finalmente se convertiría en factor fundamental de unidad.

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