La
limosna, la caridad, y la solidaridad
La
Solidaridad nació al mismo tiempo que la violencia. Los primeros humanos eran
generalmente solidarios con los de su clan, mientras eran violentos con los de
otros clanes que pugnaban entre sí por cotos de caza, guaridas naturales, o
simplemente la necesidad de aumentar sus propios clanes con hembras capturadas.
La
violencia, brutal y poco digna de seres civilizados, nos acompaña hasta
nuestros días, pero la solidaridad se ha ido transformando con el tiempo
adquiriendo matices diferentes.
Con
la religión institucionalizada apareció la Limosna, la cual se realiza para
cumplir dogmas y normas más que para expresar solidaridad con los desamparados.
Quien daba limosna podía hacer más expedito su viaje al Paraíso, hacerse
perdonar pecados, incluso comprar los favores de quien administraba la fe en su
entorno. Como la limosna no nace sino se impone resultaba peyorativa y hasta
humillante; provocaba hasta la aparición de limosneros profesionales que
trataban de engañar a quienes repartían monedas y de paso burlarse de los
humilladores.
