miércoles, 28 de mayo de 2014

En busca de la Santa María, en Haití


N. Mario Rizzo Martínez

LA HABANA
Cosa sabida es que la nave Santa María naufragó a fines de 1942 frente a las costas de La Española. Por testimonio del propio Almirante se conoce también que con los restos de la carabela se construyó el fuerte de la Natividad donde permaneció una parte de los marinos que le acompañaron cuando éste, navegando al mando de las otras dos naves,  La Niña y La Pinta, partiera de regreso a España en enero de 1493.
Barry Cliford.
Hasta aquí lo que todos hemos estudiado en nuestras escuelas, sin embargo luego de que un arqueólogo estadounidense llamado Barry Clifford encontrara hace once años restos de un naufragio frente a las costas haitianas las cosas han comenzado a cambiar.
En el sitio arqueológico se han aparecido un cañón, otros diferentes objetos y restos de una nave virtualmente sepultados en el fondo marino. Todo se complicó cuando el mencionado cañón fue identificado hace dos años como una pieza de artillería de fines del siglo XV lo que de inmediato hizo surgir las dudas.
Ahora el arqueólogo quiere desenterrar los aparentes restos de la nave y llevarlos a tierra firme para su estudio. El gobierno haitiano ya ha dispuesto construir un museo para mostrar todo lo que se recupere y colabora con los investigadores para que todo se haga de forma tal que se minimicen los daños y las pruebas obtenidas puedan ser validadas. El Primer Ministro de Haití, Laurent Lemothe, se ha encargado personalmente de las coordinaciones con Clifford.
Mientras todo eso ocurre de este lado de la Mar Océana, historiadores españoles han puesto en tela de juicio el hallazgo alertando sobre el hecho de que en el siglo XVI varias naves llamadas también Santa María vinieron al nuevo mundo y algunas de ellas sufrieron similar ventura.
El arqueólogo y las autoridades haitianas se mantienen firmes y responden que el paraje del hundimiento se corresponde con el descrito por Colón como el lugar del naufragio.
El empobrecido Haití, tan maltratado por la miseria acumulada, la furia de la naturaleza y las enfermedades, bien se merece ser sede de un hecho tan trascendente que al menos serviría para arrojar luz sobre la historia de América y de paso atraer, además de estudiosos y conocedores, muchos turistas deseosos de ver la nave que para millones de personas ha constituido siempre un ícono iberoamericano.
Como siempre, será la ciencia la que diga la última palabra. Habrá que espera por estudios y pruebas que finalmente nos harán conocer la verdad enterrada en el mar frente a las costas de Haití y que tal vez hace más de 500 años fue testigo de un hecho que cambió la historia de la humanidad.

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